Enamorarse de una idea
Hay una delgada línea entre enamorarse de alguien y de la idea de esa persona, y últimamente la he cruzado todo el tiempo (no ragrets). No puedo decir que alguien me rompió el corazón, porque fui yo sola. Y aunque me prometí ya no hablar de cierto ser humano, mi insomnio me dijo que escribiera sobre él.
Quisiera decir que solo me ha pasado una vez, pero no es así. Idealizar a alguien en lugar de conocerlo es un mecanismo de defensa (y al parecer, mi hobby favorito). Así, no me entero de las cosas que no me gustan, y me ahorro el desencanto de buscar si tiene un deal breaker (spoiler: sí lo tiene).
Pero, después de un tiempo, estas ideas aburren. En lo personal, odio la monotonía y en este caso me tardé mucho tiempo en captar que en realidad, la persona que yo quería tanto, no me conocía. Ni yo a él.
No me refiero a conocernos físicamente. Pero nunca me di el tiempo para conocer sus miedos, sus sueños, sus metas, ni siquiera conozco su color favorito. Y él no sabe el mío. Una pequeña parte de mí pensé que era real, pero ahora entiendo que no.
Si tuviera la oportunidad, lo conocería de cero una vez más y sería quien realmente soy. No me gusta que haya alguien caminando por el mundo diciendo conocerme, cuando no lo hace realmente. Tal vez soy muy romántica con las despedidas, pero si me convierto en un recuerdo, me gustaría ser uno bueno.
En fin, el exceso de imaginación que hay en mi cabeza me rompió el corazón, pero ya recogí los pedazos.



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